Jonathan E. Endara Gutierrez

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domingo, 20 de febrero de 2011

ESE ANCIANO FUE DIOS.

¡Vean! ¡Vean eso! –dijo en el momento de su agonía don Machelo Orellana- ¡Jesús! ¡Como ese gringo se lo trae abajo la laguna!

-En la manteca también, mientras tostaba cancha, doña Rosalía nos hizo ver como el agua se lo tapaba al pueblo; pero entonces ni ella sabía si era éste o el de la otra banda.

-En mi sueño, óiganse, clarito mamá Nieves me reveló: No les importó celebrar mi fiesta… Mira cómo ese río avanza sobre ese pueblo de pecadores.

AGARRANDO nuestras gallinitas bajamos esa bajada, después que se propagó la peste; a las dos o tres semanas nomás será en que la laguna de Kojup, que había encima del pueblo Suyrobamba, se lo tapó a éste cuando lo estamos viendo desde esta banda.

Primero fue un estruendo lo que escuchamos, luego vimos que se desplomaba el cerro y se vaciaba la laguna…

Fue poco después que un anciano rotosito, cargando su alforja pasara por este pueblo anunciando la desgracia; que todos esperábamos ya, desde que en la ladera de Cunca pariera la mula de don Alberto Cano.

-Será el fin del mundo –dijimos.

-Pero no para este pueblo –dijo el anciano peregrino-; para el otro, para el que está al frente, aunque la maldición puede tocarlos.

Y de veras, al siguiente día nomás ocurrió la desgracia, luego que al anciano le negaron hospicio y hasta un plato de comida.

-¿Ya ves? –Dizque le reveló la Virgen a Sebastián Quimichi, uno de los nuestros -¿Ya ves? No se condolieron a pesar de vivir en la abundancia; ahora están pagando sus culpas, lejos de toda salvación: porque ese anciano, hijo, fue Dios…

Ni uno había logrado salvarse. Ni esa mujercita, la única que le ofreció alimento: sólo porque al escapar olvidó la advertencia: Oigas lo que oigas, por nada te has de volver. Pero en el momento del estruendo miró atrás; y ahí nomás quedó endurecida como piedra.

(continuará)

Óscar Colchado Lucio

jueves, 27 de enero de 2011

La ultima tentación




De:

Jonathan Edwards Endara Gutiérrez.

Ave azul, la dulce melodía de tu alma traspasó la frontera de mi profundo sueño, enclaustrado esta mi corazón en tus blandas manos de mujer. Tus ojos moldean la razón de mi existencia y la integra reflexión de los pensamientos ¿Dejaras que este ser muera por tu amor?

Dulces palabras afloran su alma, sus labios rojos se paralizan, se traban en su garganta las voces que no brotan al aire, sus castaños ojos se humedecen por las dulces lagrimas de amor…Sonó la vocecilla del silencio eterno con un beso, una respuesta unánime y callada del amor.

Mi Juana, mi dulce enfermera que sana y corrige mis tristes e iracundos días de soledad, susurre cuando entre mis brazos la tuve, un suspiro mío una sonrisa le causo, your heart is mine, dijo en su acento inglés, sus ojos de ternura, lucecita, tus castaños ojos de ternura discurre mi mundo mágico y al ver tus pupilas juguetonas, veo, veo el viento que mece con delicadeza las nuevas ramas de la vida.

Miguel Knudsen, aquella tarde, bajo la pálida luz de los primeros faros del parque Schutz, abandonabas tu vieja vida, de un ser extraño, misterioso y raro a una persona formal, monótona, sensible y enamorada, fue el gran cambio de tu vida, en fin, así lo sentías y así debía ser.

El mundo subjetivo que ambos conocían, se sumergía en su verde espesura y con ella la oscuridad nocturna llegaba, se adornaba la ciudad de luces eléctricas, letreros luminosos y tiendas comerciales con publicidades detalladas, mientras que en los brazos de Knudsen, soñaba alegre entre susurros de un “te amo” Luz Juana y bailaba el romance acicalando las miradas sencillas de la pareja de novios.

De la mano, caminando por las calles de una bella Arequipa, dialogando, confesando su amor uno al otro, estuvieron en medio de la masa de personas que marchaban con rumbo desconocido y el viento nocturno cantaba en los labios del amor; sin duda alguna se dirigían al hogar de Lucecita juntos, unidos por extensos lazos de cariño y la vista con que cada uno miraba al otro se llenaba de una magia geométrica en el que se observa los pequeños detalles del amor que enamoraban aún más. Frente a la puerta de aquella casa, con un beso apasionado y romántico se despedían, una vez que Luz Juana entró a su domicilio, Miguel Knudsen se disponía volver a su consultorio Jurídico, una larga noche de trabajo lo esperaba, trató de concentrarse en aquellos documentos que la empresa requería, sin embargo; recordaba por instantes la causa que provoco esa felicidad de su alma.

Al día siguiente después de un arduo y cansado trabajo, Miguel Knudsen, necesitaba una gota de cariño de su amada, al igual que Luz Juana perdía su cabeza, hasta su alma si fuera posible por el amor, sin medida, que su novio le brindaba. Fueron a cenar juntos y juntos debían de seguir su destino, ambos se conocían y disfrutaban del suave aroma que emanaba de la noche.

Con un intrínseco beso, fueron a la magia inolvidable de lo celestial, el pequeño parque donde los albores de la razón se ocultaban y nacía la luna de las emociones, se convertía en un paraíso, sin tiempos ni preocupaciones, vivían en un subjetivo mundo que ambos inventaban en su lecho de amor.

¡Oh! Miguel, era inevitable esa sonrisa que mostrabas al mundo, la dicha había tocado tu sensible alma y contener la alegría no pudiste, sabias que el onomástico de tu amada se acercaba, preparaste una sorpresa para la ocasión, un día antes estuviste contento…Simplemente ilusionado, llegaste cansado a casa y un profundo sueño te abrigo en la noche fría.

Al siguiente día, tuviste que ir a su hogar, con su familia, alrededor de una mesa compartían momentos profundos, llegada la tarde, después del almuerzo familiar, con gran pena; Miguel se retiro de aquella casa.

Sonaban las trompetas de la serenata en una gélida noche, un par de canciones no basto para engreírla por su onomástico, se fueron a festejar en una refinada discoteca, donde sus amigos la esperaban, allí bailaron y bebieron casi toda la noche, en medio de la lluvia, Miguel Knudsen y Luz Juana se fueron por media calle, empapándose, Miguel la condujo a un lujoso hotel, entraron, Luz vio la cama cubierta de rojos pétalos, un vino sobre una mesa colonial con tres velas en medio, fue un ambiente que ella no pudo imaginar ni menos describirla, se emociono lo bastante fuerte como para soltar una lagrima de alegría, en ese instante se entregaba a los brazos de Miguel Knudsen, confesando su virginidad y con una palabra y con un te amo, poco a poco con su lascivia mano fue desvistiéndola, sus humeros labios pasaban por la ansiosa piel de Juana, ambos se sumergían en su orgasmo, ella toda nerviosa y tímida lo disfrutaba, el feliz de convertirla en mujer.

Autor: Jonathan Edwards Endara Gutierrez.

sábado, 22 de enero de 2011

un fragmento de "ENTRE LA LLUVIA"


Mientras pasaban los días, el tiempo se iba acortando, en todo aquel transcurso versado, nuestra amistad fue concebida, ambos conocimos: la moral, la ética y la aptitud de cada uno. Fuimos buenos amigos, y en un momento, el vértigo de la conciencia me haría acuclillar, frente a la desilusión de sostener una relación amorosa. Entablados días oscuros vinieron a mi vida, nuestra amistad fue agonizando, pocas veces conversábamos, y pocas veces la acompañaba a coger su auto, a menudo me sentía culpable de la desunión, culpable por declarar mis sentimientos, como delito alguno; la veía, sostenía en sus ojos una pregunta de inocencia, queriendo arrancarme una respuesta de una amistad casi perdida.
una amistad perdida en vano, por una quimera viajera de mi mente, caí en sus trampas y redes, con una amistad que salió destruida.
Aunque la soledad estaba presente en una parte de mi corazón, no dude en encontrar a mi círculo de amigos (no se comparaba con la de ella) al primero a quien conocí fue a Carlo, un soltero empedernido, con una hija en su cuidado, Quimi, su hermana, carismática e inteligente, juntos son buenos compositores de la música peruana (vals, marinera...) y finalmente a María Fernanda o Mafer, como se presentaba, con un vicio al cigarro y alcohol.
Si, en efecto, una nueva vida estaba comenzando, entre la lluvia de emociones y aptitudes que inundan mi alma; con apacible aroma, observaba los jardines de la facultad, desde un tercer piso, donde mi cuerpo posaba por la ladera de un pensamiento vacio con un sentimiento solitario en el andén de la sabiduría.

Jonathan Endara Gutiérrez
ENTRE LA LLUVIA
Edición en proyecto
Derechos reservados del autor

viernes, 6 de agosto de 2010

Alma.


Aquella noche andaba un caballero montado en su caballo elegante, cabalgando hacia lo oscuro, su capa reflejaba la luz de la luna y en su espada iluminaba la fosforescencia de la amargura, no se adonde se dirigía, su mirar misteriosa pareciese no decir nada, sus pasos ligeros que daba el caballo eran inauditos ante lo natural, hasta que fue a dar a una plazoleta vacía donde solo había un banquillo viejo y desgastado por el tiempo donde reposo, no sé en qué pensaba, no podía ver bien el rostro de aquel caballero errante, hasta que de un grito dijo: " Recuerdos sin amor" de repente del cielo bajaron seres que no tenía nada que ver con su exclamación; uno de ellos hablaba con él, pero aquel jinete parece que se aburriera de sus palabras, así que monto al animal y se fue lejos muy lejos en plena soledad, nadie savia lo que deseaba, la luna se ocultaba y yo me di cuenta de que aquel hombre andaba buscando algo con desesperación ¿qué sería lo que el quería?. Nadie lo sabe, siguiendo su camino miraba con curiosidad los senderos de la vida hasta que otra vez se detuvo en un colegio, cerró sus ojos e igualmente bajaron personas sobrenaturales del cielo, poco a poco fui comprendiendo que eran sus recuerdos que se proyectaban en el lugar del hecho; pero ¿qué misterio ocultaba aquel hombre? ¿Que buscaba entre sus recuerdos?
La noche se alargaba mientras el botaba lagrimas de fuego, cuando vi su rostro, estaba llena de cicatrices de guerra contra los problemas, su mirar quizás se alegraba de vivir como humano, los sufrimientos que atravesaron sus rostro, la espada que atravesó el cuerpo de sus oponentes
Paso horas o tal vez minutos cuando llego a un pueblo cuyo nombre es Antauta, pasaba y traspasaba sus calles frías, los perros aullaban en su presencia, no podía creer lo que él hacia; traspasaba las casas, los cementerios, hospitales y hasta los cerros de aquel lugar, no encontraba lo que él buscaba, fue una noche llena de tormentos tanto en el clima como en su corazón, todo aquel humano que tendría la mala suerte de verlo, de un susto se volvería loco. En un parpadear ya estaba en el cerro de Juliaca "El Apu Huaynarroque" miraba aquella ciudad iluminada, como buscar con la vista algún objeto perdido, sus recuerdos no le ayudaban. De pronto fue a paso veloz a un lugar llamado cementerio, donde descansaba en paz ¿acaso algún conocido que podría ayudarle?
Al llegar con furia saco un cofre que estaba en manos de una bella mujer, al abrirlo saco un corazón sangrante que latía potentemente y a la vez se caía en pedazos, con sus manos desgarrados ponía el corazón al pecho humillado, entonces comprendí todo de aquel alma, que a pasos lentos y suaves se retiraba con el peso de su corazón, su capa, su espada ya no producían luz; se veía espesa oscuridad, con sus llantos a nunca acabar.
A lo desconocido se había ido, nunca más lo he vuelto a ver, su cuerpo yacía en paz en algún campo santo, es que se fue de la vida sin poder desprenderse del amor que sentía por aquella mujer; que también salió de su vida de ella. Morir dos veces no es su destino y por arriesgarse, pago alto precio tras su muerte.

Jonathan Endara Gutiérrez.

Cuento que el autor creo a los 13 años de edad.


miércoles, 4 de agosto de 2010

Ilusión sexual


I

Bajo el violento frió de la lluvia, entrábamos a una simple recamada, empecé, claro, por besarla en su frágil cuello, la arrincone con suavidad y destreza a la dura y fría pared, acariciaba por sobre su escote y lentamente bajaba mi lascivia mano entre sus calurosas piernas, mientras succionaba sus suaves pezones, como es lógico; ella excitada, gemía, arrojando la blanca camisa, mas apenas baje su pequeña minifalda y su trusa de seda, abrió las piernas completamente, con algún sensual movimiento, me llevo hasta el filo de la cama en donde con su mano de loba, bajó lentamente mis pantaloncillos junto con mi bóxer, la empuje sobre la cama, ella cayo como pluma entre las viejas sabanas, comencé por besar sus entrepiernas, una dócil caricia en su monte de Venus. El escote negro y el bracier rojo salieron de su cuerpo, se coloco sobre mí, besó mi cuello hosco, mi pecho; fue bajando hasta donde encontró el órgano del placer, luego se extendió en la cama, abriendo sus jugosas piernas calenturientas, empecé a penetrarla, una y otra vez; ella gemía, gemía con las fuerzas que le quedaban, pedía más, sus blancos senos se agitaban en mis labios, se sacudían cuando la penetraba…Creo que le gusto.

II

En la extensa noche gris, alejabasé en la húmeda avenida, quizá; alegre o golosa por la aventura, desvaneció en la blanca neblina, no contuve mirarla por vez ultima, sentía el gran vacío en mi alma…Aventura, solo una aventura de media hora, mi orgasmo decía. Plasmado por algún sentimiento, anduve en la noche imaginaria, bajo la verde luna de mi soledad, lento y despacio mi corazón estremecía su latitud de emociones, una extraña sensación en mi vacía vida, parecía nacer de la nada.
Soñar acabo con ella, con un beso y una caricia sincera, de madrugada sin ella desperté, los sueños húmedos se habían esfumado de mi noche quimérica. El placer de su piel no importaba ni la noche anterior, la aventura de media hora, sin duda alguna se convertía en amor o ilusión.

Endara Gutierrez, Jonathan.

viernes, 19 de marzo de 2010

un fragmento de "ENTRE LA LLUVIA"




Mientras pasaban los días, el tiempo se iba acortando, en todo aquel transcurso versado, nuestra amistad fue concebida, ambos conocimos: la moral, la ética y la aptitud de cada uno. Fuimos buenos amigos, y en un momento, el vértigo de la conciencia me haría acuclillar, frente a la desilusión de sostener una relación amorosa. Entablados días oscuros vinieron a mi vida, nuestra amistad fue agonizando, pocas veces conversábamos, y pocas veces la acompañaba a coger su auto, a menudo me sentía culpable de la desunión, culpable por declarar mis sentimientos, como delito alguno; la veía, sostenía en sus ojos una pregunta de inocencia, queriendo arrancarme una respuesta de una amistad casi perdida.
una amistad perdida en vano, por una quimera viajera de mi mente, caí en sus trampas y redes, con una amistad que salió destruida.
Aunque la soledad estaba presente en una parte de mi corazón, no dude en encontrar a mi círculo de amigos (no se comparaba con la de ella) al primero a quien conocí fue a Carlo, un soltero empedernido, con una hija en su cuidado, Quimi, su hermana, carismática e inteligente, juntos son buenos compositores de la música peruana (vals, marinera...) y finalmente a María Fernanda o Mafer, como se presentaba, con un vicio al cigarro y alcohol.
Si, en efecto, una nueva vida estaba comenzando, entre la lluvia de emociones y aptitudes que inundan mi alma; con apacible aroma, observaba los jardines de la facultad, desde un tercer piso, donde mi cuerpo posaba por la ladera de un pensamiento vacio con un sentimiento solitario en el andén de la sabiduría.
Jonathan Endara Gutiérrez
ENTRE LA LLUVIA
Edición en proyecto
Derechos reservados del autor
Dedicada:
Luz Juana Lira Valero.